Las consecuencias de la abstinencia del alcohol

En el cerebro, el alcohol tiene los mismo efectos que el ácido gamma aminobutírico (GABA), sedante natural que tiene un acción calmante y relajante. De manera que consumido de manera excesiva y regular, el alcohol termina por “anestesiar” el cerebro. Así, cesar su consumo abruptamente puede provocar una hiperexcitabilidad de consecuencias muy graves para organismo.

“Esta hiperexcitación del cerebro origina angustias, crisis epilépticas y en los casos más serios, delirium tremens”, explica el médico. El delirium tremens es la forma más grave de la abstinencia alcohólica y se manifiesta mediante temblores y mucha confusión mental. Sin supervisión médica, puede conducir a la muerte del paciente.

Asistencia médica requerida

Algunos médicos recomiendan abandonar el alcohol de manera gradual, para paliar así las consecuencias de la abstinencia. Otras autoridades aconsejan en cambio una interrupción radical que se compense con un tratamiento medicamentoso. “El paciente mantiene con el alcohol una pasión devoradora. La interrupción progresiva podría compararse con una ruptura amorosa no acordada en la cual uno podría ver a su pareja quince minutos por día para olvidarse mejor de ella. ¡Es irracional!”, explica Lejoyeux. Las benzodiazepinas sustituyen la bebida y le otorgan al organismo el efecto sedante que le ofrece el alcohol, lo que previene la hiperexcitabilidad. También suele utilizarse un complemento de vitamina B1 con el fin de evitar las carencias.

Seguimiento médico y psicológico

El tratamiento medicamentoso es indispensable únicamente en el comienzo de la desintoxicación. En efecto, la dependencia física al alcohol desaparece entre una y dos semanas. “En cambio, la dependencia psicológica necesita un seguimiento a largo plazo”, precisa el médico.

La asistencia profesional es clave en la curación, puesto que permite que el paciente se embarque en un proceso de abstinencia durable. “Cuanto más largo sea el seguimiento de los pacientes, al menos dos o tres años, mejor será el pronóstico de curación”.

Uno no muere por falta de alcohol pero sí como resultado de las consecuencias directas e indirectas de esta, sobre todo si la dependencia queda desatendida.

A pesar de ser responsable de un 2,3% de las defunciones en España, según datos del Instituto de Estudios de Alcohol y Drogas (INEAD) de Valladolid, muchas relacionadas con accidentes de tráfico, “constatamos que la dependencia al alcohol continúa siendo banalizada e incluso negada”, concluye Lejoyeux.